jueves, 11 de septiembre de 2008

REINO DE LOS FRANCOS

Chilperico, rey de los francos, un buen día decide repudiar a su esposa para casarse con una princesa visigoda, la que era muy querida por él porque había aportado grandes riquezas al matrimonio. Pero muy pronto estos sentimientos habrían de cambiar.
Chilperico se enamora de Fredegunda, una bella mujer de origen humilde que supo enredarlo con hábiles manejos. Así fue como una mañana la reina fue hallada estrangulada en su lecho; el rey lloró amargamente su muerte y a los pocos días se casó con Fredegunda.
Los parientes de la reina asesinada se propusieron vengar su muerte, en especial Brunequilda, esposa de Sigiberto, hermano de Chilperico. Brunequilda instigó a su esposo a destronar a Chilperico, pero antes de conseguir tal propósito Sigiberto fue asesinado por Fredegunda. Chilperico, viendo el mal ánimo de su cuñada hacia él, decidió ponerla bajo custodia, pero ella logró escapar.
Tiempo después Chilperico tomó conocimiento de que su hijo Meroveo estaba locamente enamorado de Brunequilda y que tenía intenciones de casarse con ella. El rey trató de disuadir a su hijo, pero éste no lo escuchó, por lo que Chilperico lo puso bajo vigilancia.
El apasionado joven usó su ingenio para burlar a sus guardianes y huyó con su amada Brunequilda. Sin embargo, en el camino cayó en una emboscada tendida por la guardia de su padre y fue ejecutado. Brunequilda pudo ponerse a salvo.
Años después Chilperico muere asesinado. Se encontraron entonces frente a frente Fredegunda y Brunequilda, que se entregaron a una lucha sin tregua por alcanzar el poder absoluto del reino.
Fredegunda recurrió a toda clase de artimañas con el fin de dar muerte a Brunequilda, a su hijo y a sus parientes, pero fue vencida y su vida terminó de manera trágica.
Brunequilda quedó entonces con el poder absoluto, pero los nobles se sublevaron y emprendieron una guerra contra la solitaria reina; fue capturada y entregada a Clotario, hijo de su mortal enemiga Fredegunda. El cruel Clotario se vengó de ella con ferocidad: durante tres días la sometió a todo tipo de torturas y finalmente fue atada a la cola de un caballo y arrastrada por la comarca hasta morir. Clotario quedó así como único y absoluto rey de los francos.